Esta sí la dijo Jesús, y es probablemente su frase más citada sobre el dinero. El problema no es la cita: es lo que la gente entiende al oírla. A muchos les suena a que tener dinero ya es servir al dinero, y que un cristiano con ahorros vive en falta. Otros la esquivan como si no fuera con ellos. Vale la pena leerla entera, con el párrafo donde vive, porque lo que Jesús dijo es más preciso y más exigente que las dos caricaturas.
La frase completa
Estamos en el sermón del monte. Así dice Mateo 6:24 en la Biblia católica de Torres Amat:
Nadie puede servir a dos señores; porque o tendrá aversión al uno y amor al otro, o si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
El verbo que sostiene todo el versículo es servir. En el mundo de Jesús, servir a un señor no era tenerle simpatía: era pertenecerle, obedecerle, ordenar la vida según sus órdenes. Por eso la frase no dice que no puedas tener dinero y tener a Dios. Dice que no puedes obedecer a los dos, porque tarde o temprano mandan cosas contrarias, y en ese momento se sabe quién es tu señor de verdad.
El párrafo donde vive: el tesoro y el corazón
El versículo no cae del cielo. Viene de una enseñanza sobre dónde guardas lo que más te importa. Unas líneas antes, en Mateo 6:19-21, Jesús dice:
No queráis amontonar tesoros para vosotros en la tierra, donde el orín y la polilla los consumen, y donde los ladrones los desentierran y roban. Atesorad más bien para vosotros tesoros en el cielo, donde no hay orín ni polilla que los consuma, ni tampoco ladrones que los desentierren y roben. Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.
La última línea es la llave de todo el capítulo: donde está tu tesoro, allí está también tu corazón. Jesús no describe un pecado de cantidad sino un movimiento del corazón, que se muda solo hacia donde pusiste el tesoro. Primero decides dónde inviertes, y después tu corazón se va a vivir allá. Por eso la pregunta del versículo 24 no se responde mirando el saldo, sino mirando los movimientos: adónde va tu tiempo, tu confianza y tu primera obediencia.
¿Tener ya es servir? La escena del granero
Si tener fuera servir, la Biblia condenaría a Abrahán, a Job y a José de Egipto. Lo que el Evangelio condena tiene otra forma, y Jesús la pintó en una parábola. Un hombre le pidió que interviniera en una herencia, y Jesús respondió con esta historia, en Lucas 12:16-21:
Y en seguida les propuso esta parábola: Un hombre rico tuvo una extraordinaria cosecha de frutos en su heredad y discurría para consigo, diciendo: ¿Qué haré, que no tengo sitio capaz para encerrar mis granos? Al fin dijo: Haré esto: Derribaré mis graneros, y construiré otros mayores, donde almacenaré todos mis productos y mis bienes, con lo que diré a mi alma: ¡Oh alma mía!, ya tienes muchos bienes de repuesto para muchísimos años: Descansa, come, bebe, y date buena vida.
Fíjate en el detalle: el hombre habla solo, y le habla a su alma. Su seguridad, su descanso y su futuro están hechos de granero. Sigue el texto, en Lucas 12:20-21:
Pero le dijo Dios: ¡Insensato!, esta misma noche han de exigir de ti la entrega de tu alma; ¿de quién será cuanto has almacenado? Esto es lo que sucede, concluyó Jesús, al que atesora para sí, y no es rico a los ojos de Dios.
El pecado del rico del granero no fue la cosecha, que le vino de la tierra y de Dios. Fue el para sí: atesorar sin destino, sin prójimo y sin Dios, y colgar el alma de lo almacenado. Eso es servir a las riquezas con uniforme de gente decente.
La corrección que Jesús mismo hizo
Hay una escena donde Jesús explica su propia frase. Después de que un joven rico se fue triste, Jesús comentó lo difícil que es que un rico entre en el reino. Los discípulos se asustaron, y entonces Jesús precisó, en Marcos 10:23-24:
Y echando Jesús una ojeada alrededor de sí, dijo a sus discípulos: ¡Oh, cuán difícilmente los acaudalados entrarán en el reino de Dios! Los discípulos quedaron pasmados al oír tales palabras. Pero Jesús, volviendo a hablar les añadió: ¡Ay, hijitos míos, cuán difícil cosa es que los que ponen su confianza en las riquezas entren en el reino de Dios!
La segunda frase afina la primera: los que ponen su confianza en las riquezas. Ahí está otra vez el mismo diagnóstico de Mateo 6: el problema es la confianza y la obediencia, no la posesión. Y para que nadie saliera desesperado, la escena termina con la puerta abierta, en Marcos 10:27:
Pero Jesús fijando en ellos la vista, les dijo: A los hombres es esto imposible, mas no a Dios; pues para Dios todas las cosas son posibles.
El examen práctico de los dos señores
Todo esto se puede aterrizar en preguntas concretas, y no hace falta ser teólogo. Cuando Dios y el dinero te piden cosas contrarias, ¿a quién obedeces? Cuando cobrar más exige faltar a tu palabra, mentir en una factura o desaparecer de tu casa, ¿qué cede primero? Cuando pierdes dinero, ¿pierdes también la paz, como si te hubieran quitado el suelo? Y cuando piensas en tu seguridad, ¿en qué piensas primero?
Ninguna de esas preguntas se responde con el saldo del banco. Se responden con obediencias. Puedes tener mucho y servir a Dios, y puedes no tener casi nada y vivir sirviendo al dinero con toda el alma. La frase de Jesús no está ahí para que le tengas miedo al dinero, sino para que le quites el trono: que trabaje para ti, que se reparta contigo, y que nunca sea él quien firma las órdenes.
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Sobre el texto bíblico
Todas las citas provienen de la Biblia Torres Amat, traducción católica de dominio público (1823-1836), cotejada palabra por palabra con la edición impresa de 1884. Los salmos siguen la numeración de la Vulgata, la de las Biblias católicas. Cada cita lleva libro, capítulo y versículo para que puedas comprobarla en tu propia Biblia.
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