Hay una frase que se repite en homilías, en conversaciones y hasta en películas: que el dinero es la raíz de todos los males. Se atribuye a la Biblia, y la Biblia no la dice. Lo que San Pablo escribió es parecido en las palabras y distinto en el fondo, y la diferencia cambia la vida del que la entiende.
Vamos a leer el versículo completo, el versículo de antes, y el final de la misma carta, donde el propio Pablo les da instrucciones a los ricos. Con eso delante, tú decides qué dice el texto.
La frase exacta
El versículo está en la primera carta de San Pablo a Timoteo, un obispo joven a cargo de la comunidad de Éfeso. Así dice 1 Timoteo 6:10 en la Biblia católica de Torres Amat:
Porque raíz de todos los males es la avaricia, de la cual arrastrados algunos, se desviaron de la fe, y se sujetaron ellos mismos a muchas penas y aflicciones.
La raíz de todos los males es la avaricia. No el dinero: la avaricia, el amor desordenado al dinero. El texto no señala una cosa, señala un apetito. Y esa distinción no es un tecnicismo de traductores, porque de ella salen dos religiones distintas. Si la raíz fuera el dinero, la santidad consistiría en no tener, y el pobre sería santo por serlo. Como la raíz es la avaricia, la santidad consiste en no ser poseído, y eso se le pide igual al que tiene mucho que al que no tiene nada.
Fíjate también en lo que el versículo cuenta que hace la avaricia: arrastra, desvía de la fe, y sujeta al que la sigue a muchas penas y aflicciones. Es la descripción de una correa. El avaro cree que posee y el texto lo describe poseído.
El versículo de antes, que casi nadie lee
La frase famosa es la conclusión de un razonamiento que empieza un versículo antes. Así dice 1 Timoteo 6:9:
Porque los que pretenden enriquecerse, caen en tentación, y en el lazo del diablo, y en muchos deseos inútiles y perniciosos, que hunden a los hombres en el abismo de la muerte y de la perdición.
Mira el sujeto de la frase: los que pretenden enriquecerse. San Pablo no está describiendo a los que tienen, sino a los que persiguen. El aviso es sobre el afán, no sobre la cantidad. Por eso este pasaje alcanza a gente que jamás se consideraría rica: se puede vivir al día y estar corriendo detrás del dinero con el alma entera, y se puede administrar mucho sin que el dinero mande.
De qué venía hablando Pablo
Todavía hay más contexto, y vale la pena. Justo antes de estos dos versículos, Pablo está explicando qué es la verdadera ganancia. Así dice 1 Timoteo 6:6-8:
Y ciertamente es un gran tesoro la piedad, la cual se contenta con lo que basta para vivir. Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda que tampoco podremos llevarnos nada. Teniendo, pues, qué comer, y con qué cubrirnos, contentémonos con esto.
Este es el suelo del que brota la frase famosa. Pablo no está montando una campaña contra el dinero: está enseñando contentamiento, esa capacidad de estar entero con lo que basta. El problema que combate no es el patrimonio, es el corazón que nunca tiene suficiente. La misma idea aparece en Hebreos 13:5, con una razón preciosa detrás:
Sean las costumbres sin rastro de avaricia, contentándoos con lo presente, pues el mismo Dios dice: No te desampararé, ni abandonaré jamás;
El antídoto contra la avaricia no es el desprecio del dinero. Es una promesa: no te desampararé. El que se la cree deja de agarrar con las dos manos.
Lo que el pasaje no dice
Con el texto completo delante, conviene decir en voz alta lo que no está escrito. No dice que el dinero sea malo. No dice que tener sea pecado. No dice que el pobre sea automáticamente santo ni el rico automáticamente culpable. Y tampoco dice lo contrario, que es la otra moda: no promete que la fe te hará rico, ni presenta la riqueza como certificado de bendición.
La Biblia habla del dinero con una sobriedad que incomoda a los dos extremos. En otro artículo recorremos el cuadro completo, pero el resumen cabe en una línea: el peligro nunca es el monto, es el amo.
La prueba definitiva: la instrucción a los ricos
Si San Pablo pensara que el dinero es la raíz de todos los males, el final de esta misma carta sería imposible. Unas líneas después, en el mismo capítulo, le dicta a Timoteo qué mandarles a los ricos de su comunidad. Así dice 1 Timoteo 6:17-19:
A los ricos de este siglo mándales que no sean altivos, ni pongan su confianza en las riquezas caducas, sino en Dios vivo (que nos provee de todo abundantemente para nuestro uso); exhórtalos a obrar bien, a enriquecerse de buenas obras, a repartir liberalmente, a comunicar sus bienes, a atesorar un buen fondo para lo venidero, a fin de alcanzar la vida verdadera.
A los ricos no se les manda dejar de serlo. Se les manda no ser altivos, no poner la confianza en lo que se acaba, y convertir la riqueza en obras y en generosidad. Ahí está la coherencia de todo el capítulo: el dinero no es el enemigo, es el examen. Lo que Pablo persigue de principio a fin es el corazón que se cuelga de las riquezas, tenga muchas o las esté persiguiendo.
Cómo citar bien este versículo
La próxima vez que oigas que el dinero es la raíz de todos los males, ya sabes qué hacer. Pide la referencia, abre 1 Timoteo 6, y lee del versículo 6 al 19 de corrido. Son catorce versículos y toman dos minutos. En esos dos minutos habrás leído más de este pasaje que la mayoría de la gente que lo cita, y habrás encontrado algo mejor que un lema: un diagnóstico que sirve igual si tienes poco o mucho, porque apunta donde de verdad se juega el asunto.
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Sobre el texto bíblico
Todas las citas provienen de la Biblia Torres Amat, traducción católica de dominio público (1823-1836), cotejada palabra por palabra con la edición impresa de 1884. Los salmos siguen la numeración de la Vulgata, la de las Biblias católicas. Cada cita lleva libro, capítulo y versículo para que puedas comprobarla en tu propia Biblia.
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