Hay frases que llevamos tanto tiempo oyendo que ya nadie las comprueba. Se citan en homilías, en grupos de WhatsApp, en vídeos de tres minutos. Y casi siempre son media frase, o la frase de otro, o la frase correcta arrancada del párrafo que la explicaba. Con el dinero pasa más que con ningún otro tema: por un lado te dicen que el dinero es malo, por otro que si tienes fe Dios te hará rico. Las dos cosas se apoyan en versículos. Las dos citan mal.
Aquí van siete de esos versículos, cada uno con una sola operación encima: el texto completo delante, con su referencia, para que digas tú si dice lo que te habían contado. Las citas son de la Biblia católica de Torres Amat, de dominio público, con los salmos en numeración de la Vulgata.
1. El dinero es la raíz de todos los males
Es la frase más citada del mundo sobre este tema, y no está en la Biblia. Lo que San Pablo escribió es esto, en 1 Timoteo 6:10:
Porque raíz de todos los males es la avaricia, de la cual arrastrados algunos, se desviaron de la fe, y se sujetaron ellos mismos a muchas penas y aflicciones.
La raíz no es el dinero: es la avaricia. Si la raíz fuera el dinero, la solución sería no tener. Como la raíz es la avaricia, la solución es no ser poseído. Son dos religiones distintas, y solo una de las dos está en el texto.
2. No podéis servir a Dios y al dinero
Esta sí la dijo Jesús. El problema es lo que la gente entiende al oírla: que tener dinero ya es servirlo. Léela entera, en Mateo 6:24:
Nadie puede servir a dos señores; porque o tendrá aversión al uno y amor al otro, o si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
El verbo es servir: obedecer a un señor. No tener, no ganar, no administrar. La pregunta del versículo no es cuánto hay en tu cuenta, sino a quién obedeces cuando los dos señores mandan cosas contrarias.
3. Guardaos de toda avaricia
Se cita suelta, como un lema contra el dinero. Pero tiene una segunda mitad que casi nadie termina, y una escena delante: un hombre acababa de pedirle a Jesús que interviniera en el reparto de una herencia. Jesús se negó, y entonces dijo la frase completa, en Lucas 12:15:
Con esta ocasión les dijo: Estad alerta, y guardaos de toda avaricia; que no depende la vida del hombre de la abundancia de los bienes que él posee.
La segunda mitad no dice que los bienes sean malos. Dice que tu vida no depende de ellos, que no es ahí donde se decide lo que vales. Es una frase sobre la identidad, dicha a un hombre peleado con su hermano por dinero.
4. Bienaventurado el rico
Este sorprende a casi todo el mundo, porque muchos ni saben que existe. Está en el Eclesiástico, uno de los siete libros que la Biblia católica conserva y otras ediciones no traen. Así dice Eclesiástico 31:8:
Bienaventurado el rico que es hallado sin culpa, y que no anda tras del oro, ni pone su esperanza en el dinero y en los tesoros.
La Escritura llama bienaventurado a un rico: a uno concreto, el hallado sin culpa, el que no anda tras el oro ni puso ahí su esperanza. La riqueza aparece en el pasaje como una prueba que se puede pasar. Eso desarma a la vez a los que la prometen y a los que la condenan.
5. Vanidad de vanidades
El Eclesiastés tiene fama de libro amargo y se usa para decir que nada material importa. En medio de ese mismo libro está escrito esto, en Eclesiastés 5:19:
Y cuando concede Dios a un hombre conveniencias y hacienda, dándole al mismo tiempo facultad para gozar de ellas, y disfrutar de la parte que le ha tocado, y alegrarse con el fruto de su trabajo, es esto un don de Dios.
Cuenta las tres cosas que el texto llama don de Dios: los bienes, la facultad de gozarlos, y alegrarse con el fruto del propio trabajo. Disfrutar de lo ganado honradamente no es mundanidad que haya que confesar. El texto lo llama regalo.
6. No te afanes por enriquecerte
Casi siempre se cita como si mandara ser pobre. Léelo entero, en Proverbios 23:4:
No te afanes por enriquecerte, antes bien pon coto a tu industria.
Pon coto a tu industria quiere decir ponle un límite a tu esfuerzo. No dice deja de trabajar ni dice que ganar esté mal: dice que el afán tenga un borde donde se acaba. Es lo contrario de los vídeos de motivación, y también lo contrario de la pobreza obligatoria. Es un mandato de medida.
7. Dios te da fuerzas para hacer riquezas
El evangelio de la prosperidad apoya esta idea casi siempre en el mismo versículo del Deuteronomio, citado suelto. El párrafo donde vive dice otra cosa: Moisés avisa a un pueblo que va a entrar en una tierra buena de que, cuando coman y se sacien y fabriquen casas y junten plata y oro, se les puede engreír el corazón y olvidárseles el Dios que los sacó de la esclavitud. Y entonces, después del aviso, viene el versículo famoso, en Deuteronomio 8:18:
sino para que te acuerdes del Señor Dios tuyo por haberte él mismo dado fuerzas, a fin de cumplir así su pacto con tus padres, como se ve en el presente día.
No es una promesa de enriquecimiento. Es un antídoto contra el orgullo del que ya se enriqueció: cuando tengas, acuérdate de quién te dio las fuerzas. El versículo no anuncia lo que vas a tener. Ordena lo que no debes olvidar.
Cómo defenderte de las citas a medias
No hace falta que te fíes de nosotros; hace falta lo contrario. La próxima vez que oigas un versículo sobre el dinero, haz tres cosas. Pide la referencia, capítulo y versículo, porque una frase sin referencia no es un versículo, es un refrán. Lee el versículo de antes y el de después, que es donde se cae la mitad de lo que se predica. Y pregunta de quién habla, porque muchas promesas de la Escritura son para alguien concreto en un momento concreto, y saberlo no les quita fuerza: se la da.
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Sobre el texto bíblico
Todas las citas provienen de la Biblia Torres Amat, traducción católica de dominio público (1823-1836), cotejada palabra por palabra con la edición impresa de 1884. Los salmos siguen la numeración de la Vulgata, la de las Biblias católicas. Cada cita lleva libro, capítulo y versículo para que puedas comprobarla en tu propia Biblia.
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