Rezar por los que ya murieron es una de las prácticas más antiguas y más queridas de la fe católica, y una de las más cuestionadas desde fuera: ¿dónde dice la Biblia que sirva de algo orar por un difunto? Muchos católicos rezan por sus muertos con el corazón y no sabrían señalar el capítulo. Este artículo existe para eso: los textos, completos, con su historia.
La escena: un campo de batalla y una colecta
El texto central está en el segundo libro de los Macabeos, en plena guerra por la libertad de Israel, más de un siglo y medio antes de Cristo. Después de una batalla, Judas Macabeo y los suyos recogen los cuerpos de sus caídos para enterrarlos, y descubren algo doloroso: debajo de la ropa, los muertos llevaban objetos consagrados a los ídolos, algo que la ley prohibía. Sus propios compañeros habían muerto en falta.
Lo que Judas hace a continuación es exactamente lo que discutimos hoy. Así dice 2 Macabeos 12:43:
Y habiendo recogido en una colecta que mandó hacer doce mil dracmas de plata, las envió a Jerusalén, a fin de que se ofreciese un sacrificio por los pecados de estos difuntos, teniendo, como tenía, buenos y religiosos sentimientos acerca de la resurrección.
Una colecta para ofrecer sacrificio por los pecados de los difuntos. El texto además explica el razonamiento: si Judas no creyera en la resurrección, rogar por los muertos sería inútil. Y remata con la valoración, en 2 Macabeos 12:45:
y porque consideraba que a los que habían muerto después de una vida piadosa, les estaba reservada una grande misericordia.
Y entonces llega la frase, la conclusión que el propio libro sagrado saca de toda la escena. Así dice 2 Macabeos 12:46:
Es, pues, un pensamiento santo y saludable el rogar por los difuntos, a fin de que sean libres de las penas de sus pecados.
Santo y saludable. No tolerado, no comprensible: santo. La Escritura no solo registra que se oró por los muertos, sino que lo aprueba con la palabra más alta que tiene. Y fíjate en el detalle del propósito: a fin de que sean libres de las penas de sus pecados. La oración por los difuntos, en el texto, no es un consuelo psicológico para los vivos. Hace algo por los muertos.
Por qué algunos no encuentran este libro en su Biblia
Aquí hay que decir algo con claridad y sin polémica. Los dos libros de los Macabeos forman parte del canon de la Biblia católica desde los primeros siglos, junto con Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc. Las ediciones protestantes los retiraron del canon hace unos quinientos años, y por eso quien busca 2 Macabeos en esas Biblias no lo encuentra. No es que los católicos añadieran un libro para justificar una práctica: es que el libro siempre estuvo ahí, y la práctica sale de él y de la tradición viva que lo acompañó.
Una puerta en las palabras de Jesús
En los Evangelios hay una frase de Jesús que los Padres de la Iglesia leyeron siempre con atención en este tema. Hablando del pecado que no tiene perdón, dice esto en Mateo 12:32:
Asimismo a cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre se le perdonará; pero a quien hablare contra el Espíritu Santo, despreciando su gracia, no se le perdonará ni en esta vida ni en la otra.
Ni en esta vida ni en la otra. La frase da por supuesto algo enorme: que existe perdón que puede recibirse en la otra vida. Si después de la muerte no pudiera pasarle nada bueno a un alma, la precisión de Jesús sobraría. Es una puerta entreabierta, y la oración por los difuntos pasa por ella.
San Pablo y el que se salva como pasando por fuego
San Pablo escribió a los corintios sobre el día en que la obra de cada vida quedará al descubierto. El pasaje es impresionante leído completo. Así dice 1 Corintios 3:13-15:
sepa que la obra de cada uno ha de manifestarse. Por cuanto el día del Señor la descubrirá, como quiera que se ha de manifestar por medio del fuego; y el fuego mostrará cuál es la obra de cada uno. Si la obra de uno sobrepuesta subsistiere sin quemarse, recibirá la paga. Si la obra de otro se quemare, será suyo el daño; no obstante, él no dejará de salvarse, si bien como quien pasa por el fuego.
Hay quien se salva, pero como quien pasa por el fuego: salvado con daño, purificado en el paso. Y el Apocalipsis explica por qué esa purificación es necesaria, describiendo la ciudad santa. Así dice Apocalipsis 21:27:
No entrará en esta ciudad cosa sucia, o contaminada, ni quien comete abominación y falsedad, sino solamente los que se hallan escritos en el Libro de la vida del Cordero.
Junta las piezas: nada manchado entra; hay quien muere en amistad con Dios pero con manchas; y hay salvación como a través de fuego. Eso que queda entre la muerte y la entrada es lo que la Iglesia llama purgatorio (el Catecismo lo explica en los números 1030 a 1032, y cita ahí precisamente 2 Macabeos 12). La oración por los difuntos es nuestra manera de acompañar ese paso.
Las oraciones que suben
Un último texto, pequeño y hermoso. En el libro de Tobías, el ángel Rafael revela al final quién ha estado llevando ante Dios las obras del viejo Tobías, que entre otras cosas enterraba a los muertos jugándose la vida. Así dice Tobías 12:12:
Cuando tú orabas con lágrimas, y enterrabas los muertos, y te levantabas de la mesa a medio comer, y escondías de día los cadáveres en tu casa, y los enterrabas de noche, yo presentaba al Señor tus oraciones.
Orar con lágrimas y honrar a los muertos aparecen juntos, en la misma frase, presentados ante Dios por un ángel. La fe bíblica nunca trató a los muertos como un capítulo cerrado.
Qué hacer con esto
Si tienes difuntos que te pesan en el corazón, la respuesta de la Escritura no es el silencio: es rezar por ellos, con la confianza de que es un pensamiento santo y saludable que hace algo real. La forma más grande que la Iglesia conoce es ofrecer la Misa por un difunto, exactamente el instinto de Judas Macabeo, un sacrificio ofrecido por los que ya no pueden ofrecerlo. Y la más sencilla cabe en cualquier noche: un padrenuestro con nombre y apellido.
La próxima vez que alguien te pregunte dónde dice la Biblia que se pueda orar por los muertos, ya no hace falta discutir. Basta con abrir 2 Macabeos 12 y leer despacio. Santo y saludable: lo dice el texto.
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Sobre el texto bíblico
Todas las citas provienen de la Biblia Torres Amat, traducción católica de dominio público (1823-1836), cotejada palabra por palabra con la edición impresa de 1884. Los salmos siguen la numeración de la Vulgata, la de las Biblias católicas. Cada cita lleva libro, capítulo y versículo para que puedas comprobarla en tu propia Biblia.
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